Por: Miguel Ángel Rodríguez Bernal.
Las tendencias mundiales de la industria de la energía están en caminados en contribuir con el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible planteados por la ONU en 2015, para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos. Para cumplir estos objetivos, la industria energética está atravesando una transformación digital que favorece la transición de todo el sector de la energía, de la gestión de las plantas de generación eléctrica a los nuevos servicios para los consumidores, pasando por las redes inteligentes, además de transformar los procesos de producción, distribución y consumo de energía.
La digitalización podemos abordarla desde el lado de la oferta y del lado de la demanda. Del lado de la oferta la digitalización la energía se observa en los servicios de mantenimiento de las plantas de generación, líneas de transmisión y las líneas de distribución, gracias al desarrollo de sensores, es posible captar en tiempo real las señales procedentes de paneles, turbinas eólicas, presas o ductos, líneas de transmisión y distribución, además del estado de las subestaciones, para ser procesadas en centros descentralizados que permiten optimizar los servicios de mantenimiento y transformarse de los esquemas clásicos (preventivos y correctivos) a esquemas predictivos que permiten optimizar los tiempos de operación y reducir los costos de mantenimientos.
Los programas utilizados con tal fin, gracias a un enfoque basado en datos y a los algoritmos de aprendizaje automático, pueden mejorarse autónomamente, tanto más porque a través de la gestión centralizada, pueden basarse en el Big Data procedente no solamente de una única central sino de todas las otras que pertenecen al mismo productor. Así es que los softwares más avanzados, como Aveva Predictive Analytics, se actualizan progresivamente y llegan a ser más precisos. A largo plazo, el aprendizaje automático permitirá a las centrales monitorizar solas su propio estado de estrés.
Además, la inteligencia artificial (IA) permite identificar en tiempo real no solamente eventuales anomalías, sino también simples malfuncionamientos que, aun sin comprometer el funcionamiento de una central, pueden reducir su productividad, pues sobre esta base se puede intervenir para solucionar el problema con operaciones a mediano y corto plazo para mejorar las prestaciones.
En lo que se refiere a las intervenciones sobre el terreno, el Internet de las Cosas, en su variante IIoT (por su sigla inglesa Industrial Internet of Things, Internet Industrial de las Cosas), pone a disposición herramientas como drones o robot que pueden efectuar las inspecciones en las plantas y así aumentar la precisión y la eficacia además de eliminar el riesgo para las personas. Además, así también se pueden realizar estudios sobre el impacto ambiental y minimizarlo, por ejemplo, sobre la biodiversidad o la gestión de recursos hídricos en las zonas alrededor de las centrales. Para efectuar operaciones desde remoto también se utilizan las gafas inteligentes, gracias a las cuales un técnico puede ver en tiempo real en su pantalla lo que sucede en una planta situada a gran distancia y, en su caso, colaborar en tiempo real desde remoto con el personal presente en el sitio.
Cuando la presencia humana es necesaria, la transformación digital es una gran ayuda a través de los sistemas de realidad aumentada o virtual: de esa manera, los técnicos, a través de simulaciones digitales, reciben una formación comparable con la de los pilotos de avión y, una vez sobre el terreno, controlan la situación con más elementos a su disposición.
El reto de la digitalización de la energía interesa ante todo a los operadores de la red. Se estima que el 17% de las inversiones en las redes se centren en el futuro precisamente en las innovaciones en términos de transmisión (TSO, Transmission System Operator) y sobre todo de distribución (DSO, Distribution System Operator) de las fuentes renovables.
Por el lado de la demanda, la transformación digital favorece la transición energética desde múltiples escenarios. Por ejemplos para los consumidores residenciales, los beneficios tangibles que la digitalización brinda a los clientes está representada por las interfaces innovadoras gracias a las cuales los nuevos contadores inteligentes facilitan información casi en tiempo real sobre consumo y producción y habilitan nuevos servicios como la respuesta a la demanda y la domótica, soluciones inteligentes a distancias para gestionar sistemas de seguridad, electrodomésticos y regulación de temperatura.
De la misma forma para los grandes consumidores industriales la digitalización de la energía permite una monitorización en tiempo real brindando herramientas para optimizar el consumo energético, percibiendo importantes ahorros en el consumo, lo que se traduce en ahorros económicos para las industrias. Además, la implementación en el procesamiento de información de Big Data por medio de machine learning permite optimizar los procesos productivos, disminuyendo los tiempos y costos asociados con mantenimientos, control de la calidad de la energía, y tal vez lo mas llamativo, el control del consumo energético en tiempo real sumado con procesos inteligentes y digitales de eficiencia energética, refleja un aumento en la calidad de la producción por medio de un aumento significativo en la Efectividad Energética total de los Equipos (Energy OEE).
La transición energética es un fenómeno que va más allá de la simple generación de electricidad limpia y que, a través de la digitalización, interesa a todos, tanto productores como consumidores.



